sábado, 7 de mayo de 2022

 Nadie se da cuenta, a veces, ni nosotros mismos nos percatamos de lo rápido que pasa la vida. Yo siempre digo que, ayer me acosté con 20 años y hoy me levanté con sesenta. No es un chascarrillo, así lo siento de veras. 

He tenido una vida apasionante, llena de vivencias dispares, he sido Electrónico Industrial, Electricista, Suboficial de la Armada Española,  Armero de Vuelo y Nadador de Rescate, destinado en helicópteros Augusta Bell y luego , durante 17 años en Harriers, he navegado en dos portaviones el Dédalo y el Príncipe de Asturias, conocido infinidad de lugares en todo el mundo, he sido empresario, y ahora soy abogado y escritor. 

Tengo una mujer fabulosa y dos hijos maravillosos, una familia extensa a la que adoro y creo recibir la misma proporción de adoración en sentido contrario, y, aún  así, no me he enterado del tiempo vivido, ¡ha pasado tan rápido! que a veces creo estar viviendo un sueño del que, en algún momento despertaré entre los brazos de mi madre, en el segundo piso, puerta uno de los patios de Santa Teresa en Cádiz, allá por el año 1965.


NADIE SE DA CUENTA

¿Cuándo se llenaron los canalones

y no volvió a girar jovial mi noria?

¿Cómo se me olvido que me olvidé

de esa mirada que ya no mira igual?

 

La tersura de seda en otra mesa

me devuelve reflejo de mis canas

mientras ayer, era símil de mis ganas.

 

Ni me di cuenta cuando desperté

de este sueño que duró cuarenta años.

Yo sigo siendo el chico de los veinte

Y ¿nadie se da cuenta?

 

El espejo rezuma y frunce estrías,

pero juro que no son mis arrugas,

otro robó mi reflejo de joven.

 

Ardo y mis brasas todavía entibian,

soy el mismo manantial que riega sueños,

porto la misma tierra y el mismo cielo,

mi poesía mana

siendo ahora un mar abierto.

 

Más nadie se percata.

 

El tiempo ya llenó los canalones

y la noria ahora gira más lenta

—ignorante del cruce de miradas

con la seda tersa en la ignota mesa—

nadie se da cuenta, ¡yo!

soy ese chico de veinte

tras el desconocido de sesenta.


domingo, 24 de abril de 2022

 Este fin de semana se celebró el día del libro. El libro, la piel de la literatura, su tacto, su aroma, su visión, es el cuerpo que da forma a un poema, que aglutina ideas y sentimientos y trocitos de felicidad, pedazos de libertad, es vivir mil vidas en una sola, ser atleta aún estando parapléjico, o Casanova siendo un adefesio, o emperador romano, o viajante al centro de la tierra, o un Quijote en busca de aventuras que ofrecer a su Dulcinea o matar y morir de celos por ella como un Otelo cualquiera. Leer es simplemente ser más persona y menos animal.-


EL LIBRO

Un juego de miradas.

Tú, con tus ojos blancos de papel.

Yo, escudriñando un poema.

 

Podrías ser lo que quisieras ser

—más bien, lo que otros quisieran que fueras—

desde una partida de nacimiento

hasta una injusta sentencia de muerte.

 

Sin embargo, ahí estás,

yaces sobre la mesa

esperando la herida

de la daga que sangra

sangre azul de filigranas arábigas,

de enunciados en números romanos

predecesores de hechos.

 

Impasible frente a la oscuridad,

te atreves, me provocas

con tu mirada blanca de papel

y yo te acepto el reto, ¡qué osadía!

 

Dibujo sobre ti un cuerpo de versos,

locura afín de un poema que sueña

con ser tan solo un libro.


sábado, 16 de abril de 2022



Este videopoema de hoy resume la vida de un ser cercano. Pero esta historia podría ser la de cualquiera, en ella se puede ver reflejada toda persona que haya pasado por una ruptura de pareja y que haya seguido padeciendo cargas y pesares  que no se diluyen con el paso del tiempo, sino que empeoran y se enquistan, como pasa con las hondas heridas que causa el arma arrojadiza de los hijos. A veces, no hay forma de desprenderse del pasado, hay que morir y empezar de nuevo, hay que dejarse llevar por la luz que nos espera cuando atravesemos el túnel de la incomprensión.

EL TÚNEL

Es toda la conciencia que me queda

cual vado permanente a tu presencia,

deslinde del solar que compartimos

que fue suelo de siembra de ilusiones

y fértil manantial hasta saciarnos.

 

Ni una gota me bebí, aún saciado

fue tal como Guiomar, de amor no usado,

O Josefina Manresa en su espera,

largo me lo fiaste, y yo así lo quise.

 

Puedo vivir, puedo seguir viviendo

—monotonía de una orilla en calma—

rutina de ida y venida amoral

entre riscos de una sierra ignorada.

 

Pero sin esperarlo,

quise perder la vida,

se desplomó la tarde en su mirada,

pronto amaneció, en mi baldío pecho,

esa muerte que siempre me esperaba

por volver a vivir la luz radiante

que hay en el final del túnel de su cuerpo.


sábado, 9 de abril de 2022

Toda relación comienza con un trato, con un intercambio de prestaciones, ya sea de tipo comercial o sentimental. En el amor también, se besa esperando el beso más amado, se ama esperando ser amado, se acaricia y se desea ser acariciado, se espera ser reflejo de la mirada amada,  un te quiero, un  te amo cuando se le dice al otro. Y ese es el trato, si se incumple por una de las partes, se rompe el acuerdo contractual y se damnifica el amor, que no sabe de incumplimientos, y es impaciente, no vale para estar eternamente esperando. Cuando el desamor aparece, es que se ha extinguido el sagrado trato.



EL TRATO


Tú sabes que teníamos un trato

firmado en aquel pasado

que nos queda por delante.

Lágrimas del cristal fueron testigo

y el gris del cielo soporte,

papiro de estratos, cirros y cúmulos,

tinta invisible de planes y sueños.

 

Tú sabes que teníamos un trato,

así desnudaría mis mañanas,

tú vestirías mis días.

El rocío del alba fue testigo

cual sudor de tu frente que ubicaba,

entre calzadas y ramblas,

el mapa de tu vientre deseado.

 

Tú sabes que teníamos un trato,

de darle vueltas a las primaveras,

de comernos los labios del estío.

El invierno primero fue testigo,

adorábamos el tiempo como a ídolo

y construí un cielo de tu piel de tierra

antes de la llegada del otoño.

 

Tú lo sabes, sabes que lo teníamos,

guardo tu firma en la seda del tálamo,

tu palabra en el rastro de tu aroma.

Mi soledad es ahora testigo

y cuenta cada granito de arena

que dejaste deslizar por tus manos

y ese, vida mía, ese no fue el trato.


viernes, 25 de marzo de 2022

 

Mariupol. Sin más comentarios.





MARIUPOL

Las gruesas cortinas

toman cuerpo de aire

para hacer soportable la espera.

 

Amanecen luces y brillos

sobre el blanco tapiz de la techumbre,

sombras nuevas danzan con las cortinas,

la mirada se resiste a ser de nuevo hormigón

y a temblar al ritmo de una triste bombilla.

 

Por un momento, todo es silencio

en la ilusión de ser un día antes.

 

De repente alzan el vuelo alas de cristal,

las cortinas aumentan de talla su figura de aire,

y toda la estancia se vuelve luz.

 

Sangre gris mana de esa luz,

inmóvil carrusel que todo transforma,

el blanco tapiz se tiñe de silencios

y ya todo se apaga,

ni tú ni yo ni tú tampoco

ni nada, nada, nada.

lunes, 21 de marzo de 2022

 Con este relato gané el primer premio del XV Concurso Internacional de Relato Corto "Constantí 2021":

FÁBULA DE UNA MIGRACIÓN

Bennu Earnshaw acostumbraba a despedir el día desde su atalaya de tejo, en el bosque Rya, a la orilla del río Göta. Allí, a las afueras de Gotemburgo, no llegaba el rumor de la ciudad y se apreciaba con más claridad los diferentes matices del otoño entrante; el repetido y nervioso pik, pik, pik, corto y metálico del papamoscas cerrojillo avisando a su plebe del vuelo de alguna rapaz; la música cambiante del agua, devorando cantos rodados, en su transcurrir sin retorno por el cauce del río; y el croar de la, otrora, apetecible merienda —pero ahora no era el momento de pensar en su apetito.

El sol poniente, aún poderoso sobre el horizonte, le azoraba el cristalino y hacía que sus ojos se humedecieran de saladas lágrimas. Eso, al menos, era lo que se decía a si mismo para justificar su inoportuno llanto —pero se engañaba—, la génesis del brillo en sus ojos no era causa del fulgor del astro, sino de una negrura interna que, desde hacía dos semanas, le carcomía las entrañas.

Herne, su compañera desde hacía cuatro años —no conocía a otra garza real con las plumas de la cabeza tan blanca como ella, y con una amplia raya negra, tan negra como el Vantablack, que le embellecía desde el ojo hasta la cresta—, ya iban para dos semanas que no sabía nada de ella.

La última vez que volaron juntos, Bennu alardeaba de ser más veloz que Herne cogiendo la delantera y ganándole distancia a su pareja hasta que, un fuerte estruendo: “bang” le estremeció el corazón y paralizó su esbelto vuelo. No se atrevía a volver la cabeza, presentía una desgracia; cuando lo hizo… Herne había desaparecido de su vista. Solo cielo, tierra y mar y bandadas de palomas dándose a la fuga, y los ladridos hirientes de una jauría de bracos —muerte, moteada y marrón, a cuatro patas— al cobro de alguna pieza, le hizo presagiar lo peor.

Dos semanas de esperas y de vigilancia vana sobre el altozano de tejo.

Eludir su estruendosa soledad; asumir la eterna ausencia de las llamadas de bienvenida de su hembra cada vez que, Bennu, volvía al nido con el buche atestado para alimentar a sus polluelos; aceptar que el próximo amanecer sería el último en esa estación de esperas, antes de emprender el que, probablemente, fuera también su último viaje al sur, se le antojaba absolutamente insoportable.

Bennu sabía que había sobrepasado con creces la vida media que se le suponía a las garzas reales —unos cinco años— y esto era corroborado día tras día en las relaciones con sus vecinos, ninguno le superaba la edad…

 Él nació, hacía seis primaveras, en el mismo lugar del que se disponía a partir. Pero nunca se sintió un anciano hasta hacía dos semanas en que perdió el sustento de su jovialidad, su querida Herne.

Después de un último y desesperado vistazo al horizonte, se acurrucó entre las ramas del árbol y se dispuso a dormir. A la mañana siguiente le esperaban kilómetros de aleteo en compañía de sus congéneres, sobre la orografía de media Europa, en su camino hacia los cuarteles de invierno en las marismas del Coto de Doñana.

En el silencio de la mañana sueca, el aire frio otoñal entrecortaba un lejano trompeteo a modo de señal de salida. Poco a poco se fueron formando, bajo un cielo gris, pequeñas uves aladas. Cada elemento de la formación mostraba sus cuellos estirados y largas alas con sus remeras negras.

El grupo familiar de Bennu recorría, año tras año, la ruta migratoria occidental: unos agotadores cuatro mil kilómetros. Su primera parada estaba prevista en el lago del Der, de la región de Champagne, al nordeste de Francia.

Este primer tramo empezó a hacer mella en Bennu, antes de posarse en la orilla del lago notó como sus fuerzas iban mermando. Volar por encima de los nueve mil metros, sobre el campo algodonado de nubes, no era baladí —y menos a su edad y con su estado de ánimo—; pero se repuso con rapidez tras la ingesta del agua fresca y los peces y anfibios que iba pescando con su largo pico. Él siempre fue muy habilidoso en estos menesteres, no en vano había alimentado y sacado adelante a innumerables camadas de polluelos junto con su Herne. Hoy en día, esos polluelos, se habían convertido en hermosas garzas que volaban a su lado rumbo a Andalucía.

A todos ellos les esperaba el impresionante cordón montañoso de los Pirineos, con sus nieves eternas blanqueando picos rocosos; pero antes, una nueva escala en Capiteux. Los más débiles y enfermos se iban quedando por el camino, pero Bennu, una vez recuperadas sus fuerzas y sus ganas por llegar al lugar donde había sido feliz con su pareja, se sentía capaz de emprender de nuevo el vuelo para gozar, una vez más y esta vez en solitario, de su particular paraíso, donde disfrutaría del invierno templado meridional y de la abundancia de las charcas del Coto.

Como era costumbre entre las garzas reales, efectuaron una penúltima parada en la laguna de Gallocanta, entre las provincias de Teruel y Zaragoza. Allí se reunían todos los años, antes de partir para su destino definitivo, unos sesenta mil ejemplares. Una inmensidad alada que, en estruendoso trompeteo, se saludaban, se peleaban por antiguas rencillas pendientes de resolución y, sobre todo, se contaban sus experiencias de vida en los diferentes humedales europeos de procedencia.

Bennu, como cualquier otra garza real, hacía lo propio. Entre tanto trompeteo, milagrosamente, distinguió el de un viejo compañero de nidada, su hermano Hernshaw al que, aún pasando toda la primavera y el estío en el mismísimo río Götta, hacía varios meses que no veía; y es que Hernshaw siempre fue un poco peculiar, algo bohemio y botarate, no muy dado a las relaciones familiares. Preguntado por este sobre el paradero de su compañera Herne, le compartió su tristeza por la desaparición de su amada.

Hernshaw entrelazó su cuello con el de Bennu en un intento cariñoso de consuelo y se aprestaron a volar juntos hacia las deseadas marismas.

Despeñaperros era la última frontera montañosa a cruzar. Desde la altura a la que volaban se visionaba la cordillera como una pequeña protuberancia sobre los llanos manchegos. Y, por fin Doñana, con sus enebros marítimos, eucaliptos, uñas de gatos, pinos piñoneros, adelfas, alcornoques…sus dunas y, por supuesto, sus extensas marismas, su coto privado de caza.

Entre recuerdos, noches de búhos y de linces que no fueron óbices para disfrutar de una apacible existencia, llegó marzo. Inesperadamente la primavera hizo acto de presencia con su novísima alfombra verde y sus amapolas rompiendo la uniformidad del color de las llanuras. Y, una vez más, la naturaleza se disponía a interpretar, cual concierto de Vivaldi, las mismas notas barrocas y esplendorosas con que despedía todos los inviernos.  Se apreciaba, en el ambiente de las marismas, el alboroto de los preparativos del viaje de vuelta; el resurgir de la vida que año tras año se estrena y vuelve a estrenarse en un bucle infinito musicado de algarabía.

Bennu, desde su atalaya de pino piñonero, observaba como la tarde agotaba sus últimos rayos de luz. Sus ojos no brillaban ni titilaba una salada lágrima en la comisura de su lagrimal.

Esta vez no partiría al amanecer hacia el norte, la tarde anterior se había despedido de Hernshaw con un fuerte y apretado abrazo de cuello. Su hermano aún se encontraba con fuerzas para volver y lo hacía junto a su nueva pareja, una joven garza con el plumaje de la cabeza casi tan blanco como lo tenía su querida Herne, aunque la franja negra que lucía desde el ojo hasta la cresta no fuera tan fulgente ni profundo como el de esta. Les deseó toda la suerte del mundo y les manifestó su deseo de volver a verlos al año siguiente.

Doñana sería su retiro definitivo, lo tenía decidido desde su partida de Gotemburgo, total ¿No era eso precisamente lo que hacían los humanos jubilados, ingleses, suecos, alemanes y demás nórdicos?: comprarse una casita en Andalucía para vivir en paz y armonía el resto de sus vidas... pues eso mismo.

 

 

 

Nota: Los nombres de los protagonistas de este relato no son escogidos al azar:

·         Bennu, en el Antiguo Egipto era la deidad pájaro, asociada con el sol, la creación y el renacimiento, y fue representada como una garza en la obra de arte del Nuevo Reino.

·         Earnshaw, Hernshaw y Herne, son apellidos ingleses derivados de la garza, el sufijo —Shaw significa madera, refiriéndose a un lugar donde anidaban las garzas.


 ¿Es que no la oís?

Ya ha llegado, la primavera ha venido y nadie sabe como ha sido, decía D. Antonio Machado, y con ella llegó la poesía.

Felicidades a tod@s mis compañer@s poetas. Hoy la poesía y la visión que del mundo hacen l@s poetas, son más necesarias que nunca. 

Contra los misiles, bombas y demás armas de destrucción, la palabra... siempre nos quedará la palabra, cantaba Paco Ibañez al poeta Blas de Otero.

Yo quiero colaborar con mi granito de arena en forma de poema, y celebrar la alegría de una nueva primavera, que las penas vienen solas y al montón.

Y POR FIN LLEGÓ

El pretil sombrío de mi ventana

hoy luce galas de plumas y trinos

y me incita a entrecruzar su dintel,

pórtico de una vereda lejana.

Nubes blancas de raso, agua satén

—formas mágicas de sueños y olvidos—

despabilan al sol de la mañana,

y tus geranios enjuagan su cara

con el frescor de un nuevo amanecer.

El rumor de fuera, es menos rumor

es sinfonía de abrazos y esperas,

aire joven para aviar una voz

que dice que llegó la primavera.

 Hay veces que por aparentar ser más eruditos forzamos el idioma hasta la impostura (click sobre imagen o enlace) EL IMPOSTADOR Hoy toca pon...