domingo, 24 de julio de 2022

 Hay momentos en la vida en que la soledad es un bien invalorable, pero en otros momentos es dolor y amargura, esos momentos en que nos sentimos como escombros de nosotros mismos, tan duros y fuertes, tan granito como nos creíamos.


EL ADOQUÍN

 

Gris jaspeado,

granito puro que delimita calzada y acera.

Lluvia, viento y sol

se vengan en su dureza desnuda,

erosionan sus vértices sin piedad,

forman correntías que lo transforman

en rivera de un arroyo fortuito.

 

A veces, se viste de ceras ciriales

que caen de la mano de un niño,

pedigüeño de limosna semanasantera,

 

otras, el volar de serpentinas y papelillos

nutren su gris de variados colores

y, las más, luce tristeza grisácea.

 

Siente un intermitente golpeteo,

el mismo bastón blanco,

afanado por el ciego de siempre.

 

Se despereza al comienzo del día,

de nuevo la misma rutina,

Se ve como Bill Murray

 'Atrapado en el tiempo',

 

Un temblor indescifrable recorre su estructura,

una máquina diabólica

va derruyendo calzada y aceras.

 

La instalación de la fibra óptica

levanta todas las calles,

y él es, tan solo, un trozo más de ellas.

 

Con el resto de los escombros,

ahora movilizado el que se creía inmóvil,

va camino del punto limpio.

 

Así me siento yo tras tu marcha.


sábado, 16 de julio de 2022

Decía Pedro Salinas en "La voz a ti debida": "Qué alegría, vivir sintiéndote vivido". Y es que, cuando se ama de verdad, cuando uno se entrega sin condiciones en el juego del amor, uno es en la medida en que vive en el otro.




“Qué alegría, vivir sintiéndose vivido.”
Pedro Salinas

SOY

Yo no sé cuándo lloré en tus ojos,
cuándo ofendí con tus labios,
o dañé otra mirada
con tu mirada incisiva.
Hago memoria y siento
que siempre he vivido en ti.

Yo no sé cuándo gocé en tu cuerpo,
y pude morir en tu éxtasis.
¿Cuándo sufrí la herida
del látigo que fustiga
ahora odio, ahora deseo,
mi propia piel en tu piel?

Yo no sé cuándo soñé en tu sueño,
y me paseé en mis pies
sobre tus mismos pies,
o puse en venta mi hogar
y firmé con tu mano,
¿cuándo, en ti, lo perdí todo?

¿Cuándo viví en mí, por última vez?
No recuerdo el número de calzado,
siquiera la talla de mis camisas,
¿desde cuándo marco sobre las sábanas
la silueta de tu querida espalda?

Ya no eres velamen de mi goleta
ni luz que impregna el final de mi túnel,
yo solo soy desde que me naciste.

sábado, 9 de julio de 2022

 A veces nos sentimos prisioneros en una cárcel de caricias y besos, y no sabemos, o no queremos salir de ella. A veces todo se reduce al cielo de un cuerpo deseado. A veces no hay más dios que el calor de su presencia.



CANTO DE CIEGO

De esparto tienes las venas,

soga de sangre trenzada,

hende mis muñecas juntas

enlazadas a la espalda.

Ojitos de acero negro,

como disparos al alba,

atraviesan mis costales,

hieren a hierro de fragua,

las cuitas que me recomen

desde tu vientre a mi cara.

Esa ola que rompe en sal

por la roca de mi pecho

moldea golpe tras golpe

una rompiente de besos.

Unas columnas de carne

prieta y pórtico de gloria

camino, parada y cárcel

el surco de la vaguada

y estrellas aureoladas.

Un pozo ya sin palabras,

un suspiro de carmín,

el cielo de tus pestañas,

único cielo que existe

cielo del dios de mi casa

Aquel al que siempre rezo

de noche, al pie de mi cama.


A pesar de los pesares,  en tiempo de paz o de guerra, en medio de las adversidades, ya lo decía el poeta Blas de Otero: Siempre nos quedará la palabra.




RONDEL A BLAS DE OTERO

El tiempo que devuelve la siembra,

—siempre nos quedará la palabra—

sonrisa que resuelve batallas,

iris dulce en frente amarga.

 

Brazos que destruyen las cancelas,

manos blancas en mentes negras,

el tiempo que devuelve la siembra

—siempre nos quedará la palabra.

 

Tierra que bebe almas desiertas,

fruto del verano que perdura,

orfebre que engarza ausencias,

alud de recuerdos y memorias

—el tiempo que devuelve la siembra.


martes, 28 de junio de 2022

 ¿A cuántas personas hemos dejado abandonadas en estaciones de esperas del viaje hacia delante del tren de nuestra vida?


PENÉLOPE

Fue una tarde de primavera,

y fui caminante que hizo camino

y encontró cobijo en el calor de tu pecho.


Te vi desde la ventanilla del vagón,

sobre tus zapatitos de tacón

y mi promesa se vistió de sauce desnudo

aquella tarde plomiza de abril.


Triste en la espera

de mi imposible regreso,

siento el brillo de tu mirada

cuando llega a la estación

el pitido de un tren ajeno.


Pasaron los inviernos

y su color se posó en mi sien

ahora pude volver, marchita la historia,

cargada la maleta de vital equipaje.


Tu sonrisa me destrozó,

el mismo bolso de piel marrón,

sobre los mismos zapatitos de tacón,

pero yo no soy a quien esperas.


Y vuelvo a partir

con la maleta de piel marrón vacía de ti,

y el recuerdo de Penélope.


jueves, 23 de junio de 2022

Signemos contornos, abramos el debate, desmenucemos el binomio guerra-paz; la ruptura es el medio, la paz solo fin.

En nuestro tiempo, nidal de los grandes cambios, en la apariencia controladora del hombre sobre la perfecta redondez de su círculo, se reinicia el ámbito completo de la historia, dicotomía eterna, la que nunca acaba. Se repropone cauta y nuevamente empieza y, mientras, el progreso que es siempre la panacea, traza enfático la línea temporal del esbozo de un pacífico futuro.

La paz será el final útil de los conflictos, pero nunca será el medio, lo permanente es la guerra.

La paz es tan solo el período vivido entre guerra y guerra.


GUERRA Y PAZ

Danzan Eirene y Ares,

espalda con espalda,

alzan el vuelo sus pies

sobre el tapiz perlado y alpino

de la morada de la argiva Europa.

 

Aire que ya es pólvora,

que ahuyenta los sueños,

fingida la luz solar

que ahora nace de un estruendo;

la mano que yace inerte, y una alianza.

 

Danzan si mirarse

Ares de ojos azules,

Eirene, pelo trigueño,

suena al compás de Stravinski

un poema de Tarás Shevchenko.

 

La discordia es alba,

manzana que ya es pólvora,

y el lagrimal de sus mares

a la ilusión humana ahoga,

tiñe de vanos anhelos sus aguas.

 

Un morlaco blanco

con ínfulas de dios

y la lujuria de humano,

viene a raptar a la princesa,

la lleva sobre sus hombros a cuestas.

 

El llanto de un niño,

el trino que no se oye,

el gato que ya no maúlla,

saben a pólvora quemada

¿Hablamos de paz? ¡nadie nos escucha!


sábado, 11 de junio de 2022

¿Cuántas ilusiones nos dejamos por el camino? ¿Cuántas promesas incumplidas, cuántos castillos en el aire? ¿Cuánto equipaje sin usar nos dejamos en la maleta de viaje que guardamos en el altillo de nuestra mente?

LA MALETA

 

Yo tengo una maleta que quería ser baúl,

acompañante de la farándula,

guardadora de secretos y telas usadas,

rosas deshidratadas entre los folios de un contrato

y la ropa interior, que alguien no se puso,

un día cualquiera.

 

Quería oler a tablas de escenarios,

a boleros y tangos, aún el último

aunque no fuera en París,

o aprehender, entre sus correas elásticas,

una nariz de payaso

y un saxo de color blanco.

 

Yo tengo una maleta que quería ser baúl,

para que no la guardaran

en el altillo lúgubre de un armario,

en la eterna espera de un imposible viaje.

 

Mi maleta es de cuero marrón, clásica

y chapada a la antigua, incluso clasista,

menosprecia a las sansonites

por su carencia de personalidad propia.

 

Incluso, una vez, prefirió ser mochila

prestada a un amigo hippy

que la llevara a las playas ibicencas,

pero el hippy era demasiado hippy

y el cuero marrón no casaba con los verdes.

 

Un viaje nunca emprendido

con el que aún sueña.

 

Tengo una maleta en el altillo

que quería ser baúl de la farándula.

 

A veces, en las noches de verano

del ropero se oye, tenue, un quejido.

¿Se habrá quedado encerrado el gato?

abro y rebusco entre la ropa inerte:

nada,

una y otra noche: nada de nada.


 Hay veces que por aparentar ser más eruditos forzamos el idioma hasta la impostura (click sobre imagen o enlace) EL IMPOSTADOR Hoy toca pon...