viernes, 19 de agosto de 2022

 Tengo la impresión de que todos nosotros hemos vivido, alguna vez, el verano de nuestra vida, y este se encuentra alojado entre nuestros mejores recuerdos, y recurrimos a sus imágenes en la búsqueda de un lugar amable donde refugiarnos cuando vienen mal dadas. A ese verano va dedicado mi videopoema de este finde, cuando va finalizando el estío presente que, seguramente, será el verano de la vida de alguien.



LA DANZA DE DANA

La hoguera del deseo

consume hojas de laurel y camelias,

rojos, anaranjados y dorados,

llamas que alumbran duendes

y tiñen cada noche del estío,

si danza, bella Dana,

sobre las notas de la gaita celta.

 

Llueven en las pieles sudores nuevos

decae el día, el horizonte prende,

al través de la ventana entornada,

las manos se refugian

en enredo de columnas de muslos,

océano de senos y cosenos,

que llegan a la vez

al mismo orgasmo del sol que perece.

 

Negación del otoño que acontece

la hoja, verde, se aferra,

una vida templada ya contempla

a cada verano como un recuerdo.


 Cuando una relación se acaba, se crea una sensación de abandono en quien cree que puso más, que dió más en el amor, pero, quizás ese sea el error... que se puso más, pero no se puso TODO.


Alguien

Alguien sembró a destiempo

la fútil simiente de los reproches

y cosechó, hoz de olvido en mano,

un susurro, una voz, un grito,

que a la recolección postrera,

—como fruto de una cosecha inesperada—

sonó algo más trémulo, imperceptible,

que el estruendoso silencio del abandono.

 

Alguien abraza su cuerpo desnudo,

enlazando sus brazos al vacío,

afanado en no dejar escapar

el aroma de mujer que impregnó

todo el aire que exhaló tras su marcha.

 

Alguien aprieta con sus labios la almohada,

enrolla la sábana usada entre las piernas,

y revive la última madrugada.

 

Alguien creyó dar todo

a la empresa de amor que administraba,

y se equivocaba, se equivocaba,

—el saldo positivo de su cuenta

exponía su error de cálculo—

que en el amor, después de darlo todo,

ya no debe sobrar nada.


 Cádiz y el mar, un amor atemporal, una necesidad y dependencia hecha belleza por pinceles, notas y plumas de todas las artes. Yo no se vivir sin el aroma de sus aguas, sin el rumor de la marea, sin ver reflejado sobre sus horizontes el nacimiento y la muerte del astro rey, a levante y a poniente, todos los días del año. Y es que yo siempre he sido parte de este ecosistema y mi vida sería una utopía fuera de él. Cádiz, el mar y yo...


La renta

 

Ando buscando una renta,

que sembré en la orilla del mar en retroceso.

 

Busco esa ola que,

una vez besar tu playa,

huye de ti

y se lleva en la resaca un aliento

y el aroma sutil de tu abandono.

 

Sobre la arena húmeda

queda la tenue huella de tu pie,

casi inapreciable,

pues tu cuerpo corre ingrávido

tras el mar que se aleja

y funde en el horizonte de tu mirada.

 

La marea ladrona que bañó

alguna vez tu silueta y,

encaprichada,

se apropió de ella

vistiendo de tus colores sirenas de sal

—esas que con sus cantos

 embaucan a los marineros—

y los lleva a morir

en un poema que declama

—con la vista perdida en el océano—

la diosa Gades.


domingo, 24 de julio de 2022

 Hay momentos en la vida en que la soledad es un bien invalorable, pero en otros momentos es dolor y amargura, esos momentos en que nos sentimos como escombros de nosotros mismos, tan duros y fuertes, tan granito como nos creíamos.


EL ADOQUÍN

 

Gris jaspeado,

granito puro que delimita calzada y acera.

Lluvia, viento y sol

se vengan en su dureza desnuda,

erosionan sus vértices sin piedad,

forman correntías que lo transforman

en rivera de un arroyo fortuito.

 

A veces, se viste de ceras ciriales

que caen de la mano de un niño,

pedigüeño de limosna semanasantera,

 

otras, el volar de serpentinas y papelillos

nutren su gris de variados colores

y, las más, luce tristeza grisácea.

 

Siente un intermitente golpeteo,

el mismo bastón blanco,

afanado por el ciego de siempre.

 

Se despereza al comienzo del día,

de nuevo la misma rutina,

Se ve como Bill Murray

 'Atrapado en el tiempo',

 

Un temblor indescifrable recorre su estructura,

una máquina diabólica

va derruyendo calzada y aceras.

 

La instalación de la fibra óptica

levanta todas las calles,

y él es, tan solo, un trozo más de ellas.

 

Con el resto de los escombros,

ahora movilizado el que se creía inmóvil,

va camino del punto limpio.

 

Así me siento yo tras tu marcha.


sábado, 16 de julio de 2022

Decía Pedro Salinas en "La voz a ti debida": "Qué alegría, vivir sintiéndote vivido". Y es que, cuando se ama de verdad, cuando uno se entrega sin condiciones en el juego del amor, uno es en la medida en que vive en el otro.




“Qué alegría, vivir sintiéndose vivido.”
Pedro Salinas

SOY

Yo no sé cuándo lloré en tus ojos,
cuándo ofendí con tus labios,
o dañé otra mirada
con tu mirada incisiva.
Hago memoria y siento
que siempre he vivido en ti.

Yo no sé cuándo gocé en tu cuerpo,
y pude morir en tu éxtasis.
¿Cuándo sufrí la herida
del látigo que fustiga
ahora odio, ahora deseo,
mi propia piel en tu piel?

Yo no sé cuándo soñé en tu sueño,
y me paseé en mis pies
sobre tus mismos pies,
o puse en venta mi hogar
y firmé con tu mano,
¿cuándo, en ti, lo perdí todo?

¿Cuándo viví en mí, por última vez?
No recuerdo el número de calzado,
siquiera la talla de mis camisas,
¿desde cuándo marco sobre las sábanas
la silueta de tu querida espalda?

Ya no eres velamen de mi goleta
ni luz que impregna el final de mi túnel,
yo solo soy desde que me naciste.

sábado, 9 de julio de 2022

 A veces nos sentimos prisioneros en una cárcel de caricias y besos, y no sabemos, o no queremos salir de ella. A veces todo se reduce al cielo de un cuerpo deseado. A veces no hay más dios que el calor de su presencia.



CANTO DE CIEGO

De esparto tienes las venas,

soga de sangre trenzada,

hende mis muñecas juntas

enlazadas a la espalda.

Ojitos de acero negro,

como disparos al alba,

atraviesan mis costales,

hieren a hierro de fragua,

las cuitas que me recomen

desde tu vientre a mi cara.

Esa ola que rompe en sal

por la roca de mi pecho

moldea golpe tras golpe

una rompiente de besos.

Unas columnas de carne

prieta y pórtico de gloria

camino, parada y cárcel

el surco de la vaguada

y estrellas aureoladas.

Un pozo ya sin palabras,

un suspiro de carmín,

el cielo de tus pestañas,

único cielo que existe

cielo del dios de mi casa

Aquel al que siempre rezo

de noche, al pie de mi cama.


A pesar de los pesares,  en tiempo de paz o de guerra, en medio de las adversidades, ya lo decía el poeta Blas de Otero: Siempre nos quedará la palabra.




RONDEL A BLAS DE OTERO

El tiempo que devuelve la siembra,

—siempre nos quedará la palabra—

sonrisa que resuelve batallas,

iris dulce en frente amarga.

 

Brazos que destruyen las cancelas,

manos blancas en mentes negras,

el tiempo que devuelve la siembra

—siempre nos quedará la palabra.

 

Tierra que bebe almas desiertas,

fruto del verano que perdura,

orfebre que engarza ausencias,

alud de recuerdos y memorias

—el tiempo que devuelve la siembra.


 Hay veces que por aparentar ser más eruditos forzamos el idioma hasta la impostura (click sobre imagen o enlace) EL IMPOSTADOR Hoy toca pon...