Cálculos realizados teniendo en cuenta una cuenta regresiva a partir de su muerte, en la pascua del año 33 de nuestra era (14 de nisan según Juan 19:14-16), nos indican que Jesús nació a principios de otoño, y no en la noche del 24 al 25 de diciembre, que es una fecha tomada de una práctica pagana que se realizaba en el Antiguo Egipto. Festividades del dios Ra, dios del sol, que posteriormente adaptó Grecia para aumentar el culto al dios Apolo, y que se consolidó como tradición gracias a los romanos que la determinaron como las famosas fiestas saturnales.
De ahí, del orto, nace el videopoema de este finde. No obstante, sea lo que sea y salga de donde salga, siempre habrá quien disfrute las fiestas y quien desgraciadamente, las sufra. Mis mejores deseos y la mayor de las felicidades para tod@s y cada un@ de vosotr@s.
Os deseo Feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de venturas
Navidad
Sale el sol, siempre sale por el este,
nieve, llueva o ventee, siempre nace,
no hay nube que pueda apagar el día
ni luz que humille contra las tinieblas.
y vuelve diciembre, siempre diciembre,
con su voz fría y sus mantas escasas
para la desnudez del despojado.
Sonrisa en ristre vamos a la cita,
es como si ya no hubiera un mañana,
mudamos la acera del postulante
huyendo de su mirada impotente.
Sones de campanillas suplen lloros
los manjares, asaz, la hambruna eterna,
las esquinas siguen húmedas, solas,
brindan las moradas al infortunio,
a las almas que siguen preguntando
¿y por qué? ¿para qué?, ¿a cuento de qué?
si nacer, morir, es indiferente
Sin embargo, sale el sol por el este.
nieve, llueva o ventee, siempre nace,
y vuelve diciembre, siempre diciembre,
con su voz fría y sus mantas escasas.
Cuando alguien, que ha compartido con nosotros el viaje de la vida, se va de ella por la causa que sea, deja un vacío perenne. Algún aroma, algún rincón, alguna imagen, nos vuelve a evocar a la persona amada. En el videopoema de esta semana, la evocadora es "Tu melena"
Tu melena
Dañan los suspiros de tu rechazo
el paso cambiado de mi presencia,
vuelan los versos vanos sin licencia,
sin encontrar la rima de tus brazos.
Noto las brasas, marcan a retazos
la piel estampada, lesa y tatuada
de ausencia de tu pelo en la almohada.
Dejaste viciado el aire en la estancia,
no puedo respirar sin la constancia
de sentir mi reflejo en tu mirada.
Tu melena, tu melena, ¡Ay dios mío!
que me enreda su falta cual sudario,
que su aroma me falte es el calvario,
que no cubra mi piel es viento frío.
Noto el tacto de seda en el vacío,
que dejaste colgado de la puerta
—esa que a sabiendas dejaste abierta—
para que huya mi vida a raudales,
sin más puntos de apoyo cardinales,
que el norte de tu melena desierta.
sábado, 3 de diciembre de 2022
Muchas veces me han preguntado: ¿en que te inspiras para escribir un poema?. Por más que intento explicarlo y decir que todo el mundo está capacitado para hacerlo, y que solo hay que tener la voluntad de hacerlo. Nadie me hace caso.
Esta claro que todos no podemos ser Neruda, Becquer, Pesoa, Lorca, Juan Ramón..., ni podemos pretenderlo, pero dentro de cada persona, con la capacidad de sentir, hay un poeta. Tan solo tenemos que dejarlo salir.
El video poema de este finde habla del nacimiento de un poema.
Un poema.
Te quema la pluma entre los dedos,
te ronda una idea en la cabeza,
tus labios fingen con sutileza
versos que no conforman tus credos.
Tal es así, en este mal enredo,
la fe altiva vence a la paciencia
la malicia rinde a la inconsciencia,
y sobre el blanco de algún papel
surge lento el esbozo de aquel
que quiere contarnos su vivencia,
y descifra inconsciente el secreto
clave que desvela la madeja,
de la duda fija, arcana y vieja
del tú me quieres o yo te quiero.
Abierto el pecho en un hiero o muero,
la casa de par en par abierta,
se expone al mundo la vida incierta
para alimañas y carroñeros,
sin saber quién se expuso primero,
si el poema escrito o la conciencia.
Solo es cuestión de tiempo, más tarde o más temprano uno sufre el mal del abandono. El vacío se hace inmenso y la distancia infinita, sobre todo cuando no hay voluntad de recorrerla en la busca de un encuentro.
ABANDONO
Que por qué lloro, me dices,
dejando tu pregunta tras tu marcha,
doblando las campanas por tu ausencia,
caliente aún tu silueta en mi cama.
Nada consuela el desprecio,
que grabaste con tu última mirada,
en la patena carmín del espejo,
silente huella sobre la almohada.
En un rincón de la sala
yace ahora inerte el último beso,
late en mí, aún, su sabor
y calado estoy de él hasta los huesos.
Un libro duerme abierto en tu mesita,
un billete antiguo marca la página,
no me atrevo a desvelar el secreto.
Son versos que dejaste a la deriva,
en el grave océano de tus zarpas,
y en la textura cruel de tu recuerdo.
Hablamos de violencia de género y solemos simplificar el concepto al axioma: "hombre malo, mujer buena" y muchas veces es así, pero creedme cuando os digo que también existe el viceversa y lo veo a diario en mi despacho. Blancos y negros, pero también grises. También está el maltrato a la naturaleza, analogía que utilizo para representar personajes de este sainete vital. El maltratador, la maltratada, el legislador, la judicatura, denuncias y falsedades, etc. En boga hoy por los que se empeñan en publicar leyes incompletas, por mor absurdas y electoralistas premuras, que conducen al fracaso de una Ley que considero necesaria.
MALTRATO
Yo la he visto
caer.
Su trayectoria
oscilante,
hasta llegar al
suelo,
dibuja
filigranas doradas
en la
transparencia presente
del viento del
otoño.
Todos los días
la veo caer
pero es que el
viento del otoño es así:
sin nadie que
agite la rama
va eligiendo
hojas al azar,
También he
visto derrumbarse laderas,
rocas
impertérritas de siglos
a la que el
agua, sutilmente, a su paso,
va diluyendo
certezas y calizas
haciendo, de
los pies de barro,
la debilidad
del gigante.
Lo vi caer,
sigue cayendo,
y el estruendo
asusta a las mariposas,
pero es que el
agua sutil es así,
sin
pretenderlo, horada y diluye fortalezas.
Y también he
visto al leñador,
golpe a golpe
de su hacha,
derriba el
tronco, aún sin hojas,
con el invierno
secular agazapado
en la mochila
que acarrea.
Y a la
dinamitera
que odia la
sutileza del agua
y de un
plumazo,
borra la
montaña
de la faz de la
tierra.
Lo he visto y
lo he sufrido,
el leñador deja
un páramo desierto
tras la huella
de su hacha.
La dinamitera
deja un montón de escombros
tras la
explosión incontrolada.
Y también he
soñado ser útil,
el arquitecto
que diseña caminos
y hace, del
páramo y los escombros,
el sendero que
nos lleva a buen destino.
En ello estoy.
El pasado martes tuvo lugar la Tertulia Literaria del Ateneo de Cádiz. El tema que se trató en los diversos trabajos que se leyeron fue "El mundo rural". Difícil reto para este urbanita que tan solo disfrutaba del campo, en su niñez, los domingos que hacía bueno. No obstante, y tomando lo que conozco, que es la ciudad, en el videopoema de este finde utilizo la psicología inversa para, denostando un poco la vida urbana, tratar de enardecer al mundo rural.
EL PUEBLO NO
EXISTE
Parece que el
pueblo no existe
desde la
atalaya de cemento de la ciudad.
Aquí, los
árboles, son de hojas perennes,
el otoño no
deshoja la rutina de los carteles,
ya no llegan a
tu balcón las oscuras golondrinas,
el claxon, de
un desesperado, es el grillo molesto,
las noticias
matinales, el gallo cantor.
El sol nace
entre torres de cristal y hierro
y muere tras la
sombra de un semáforo.
Negra la yerba
de asfalto,
de cuadritos
grises las veredas.
Caras sin
rumbo, vidas desconocidas,
sorprendidas
por unos buenos días
que ni siquiera
contestan.
Carteros sin
nombre y sin reparto.
Pan del día, ni
huele a pan ni dura un día.
El arado es un
ruidoso martillo neumático,
la segadora, el
camión de la basura.
Tierra
escondida en los ojos que fueron,
simiente
estéril de humos y nieblas.
El agua mana de
botellas de plástico reciclable,
la fruta cuelga
del stand del supermercado,
la carne la
fabrican envasada en corcho blanco y film,
ni nos preocupa
la matanza ni pensamos en ella,
Bien pudiera
parecer, desde esta atalaya,
que el pueblo
no existe.
Parece que fue ayer cuando sacaba punta a un lápiz HB 2, sobre el gastado pupitre de un aula salesiana, cuando llenaba con un nombre las páginas de todos mis cuadernos, cuando emborronaba folios con mis primeros versos, parece que fue ayer y hace más de cincuenta años. El poema de este finde va dedicado a los niños que vivimos la escuela de las décadas de los 60 y 70.