Mucho le he escrito y poco es cuando se trata de la tierra que a uno lo vio nacer. Que mejor empiezo de año que escribiéndole a Cádiz, mi cuna de sal.
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SINFONÍA
A remos de mi guitarra,
sobre una mar en calma de versos,
surcando noches de arenas y estrellas,
recogiendo escombros de un imposible,
busqué acordes en las alargadas alas
de gaviotas blancas de nieve y plata,
en la calichas de blancas azoteas,
en el hielo picado de los puestos,
en las enaguas blancas que una vez
tuvieran la tersura del almidón.
En la blancura de una playa de cristal,
mixtura del mortero de cal de tus paredes,
vislumbré notas sueltas, perdidas en tus albas.
Subí todos los peldaños de una torre mirador
cianótico ya, tragué de una bocanada
la milenaria sal de la mar atlántica,
y allí estabas, ropa tendida bajo mis pies,
desnuda con aroma a malecón,
y el pecho dorado de torre catedralicia.
Como si no quisiera morir un día más
el sol se acurrucaba entre tus dos castillos,
tú, impasible, mirabas al oeste,
soñando sus sones, sus sones, sus sones
entonces dejé de buscar
ante mis ojos, como Venus Anadiómena,
de espuma fuiste al fin canción
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